Depresión en el embarazo ¿cómo afecta al niño?

Depresión en el embarazo ¿cómo afecta al niño?

Es conocido que el embarazo constituye un factor de riesgo para sufrir depresión. Se calcula que más del 10% de mujeres gestantes experimentan síntomas de depresión y que 3% de ellas hacen el trastorno completo. En las gestantes adolescentes esta proporción se eleva a 17%.

¿Qué factores predisponen a esta alteración?

No nos debe sorprender que sean las situaciones de estrés social las mayoritariamente responsables de una incidencia tan alta de depresión. El embarazo no deseado, la soltería, la violencia doméstica, el poco apoyo social y el bajo nivel socio-económico se presentan como factores preponderantes para ejercer un desequilibrio en el estado de ánimo de la gestante.

Características clínicas.

Son signos particulares que pueden diferenciarlas de cualquier otro grupo etario. Por ejemplo, la alta incidencia de síntomas corporales, como dolor de cabeza, malestar general, sensación de falta de aire, sensación de opresión en el pecho, dolores osteomusculares, pérdida o aumento del apetito, etc. Sumado a esto un alto riesgo de conductas suicidas que en gestantes adolescentes podría llegar al 20%.

¿El estado mental de la madre puede afectar al feto?

Definitivamente sí. Está claramente demostrado que la depresión en las madres gestantes genera en su cuerpo sustancias que se producen en la situación de estrés permanente producto de esta condición, como hormonas de emergencia (corticoides, noradrenalina, etc.), que atraviesan la barrera placentaria e inciden directamente sobre el desarrollo del niño. Las alteraciones más evidentes que podrían erróneamente no relacionarse con la depresión son el parto prematuro, el bajo peso al nacer y talla pequeña del feto para la edad de gestación. Pero además estas sustancias alteran el desarrollo estructural y funcional del cerebro que posteriormente, en la niñez y adolescencia, se expresarán a través de alteraciones de la conducta y de la función cognitiva.

Consecuencias de nacer de una madre deprimida.

El niño después del nacimiento podría presentar en la edad pre-escolar y escolar, conductas disruptivas y/o desorganizadas, problemas de aprendizaje, alteración de la atención y la concentración, terrores nocturnos, marcada ansiedad, entre otras manifestaciones. En la adolescencia, el riesgo de que estos jóvenes tengan depresión es cinco veces mayor que los jóvenes que fueron concebidos por madres no deprimidas. Además, estos adolescentes tienen un mayor riesgo de tener conductas delictivas.

¿Cómo prevenir la depresión en el embarazo?

Existe la necesidad de que la madre gestante goce de una salud mental adecuada y acorde con la importancia trascendental de traer una nueva vida al mundo. Esto pasa por un afrontamiento preventivo de parte de los entes responsables de la protección del binomio madre-niño; de una revaloración de la familia y la importancia de su rol orientador y protector del proceso gestacional; y de la vital importancia de la presencia del padre como corresponsable en la misión de proveer una vida sana para sus hijos.

La gestación es un proceso natural. Por parte de los servicios de salud, esta etapa en la mujer, no amerita más intervención que el de la observación y conservación de la salud de la madre y el niño. Además, el parto natural (vaginal) y la lactancia son componentes fundamentales del proceso del nacimiento y desarrollo del niño, y son base de la construcción de un vínculo sólido y productivo con los padres, familia y sociedad.

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