¿Cómo afrontar las enfermedades crónicas?

¿Cómo afrontar las enfermedades crónicas?

Cuándo nos diagnostican una enfermedad crónica, muchas veces es un momento difícil de sobrellevar, sin embargo, existen algunas pautas y consejos que pueden ayudar a saber cómo afrontar las enfermedades crónicas y lograr así afrontar la enfermedad con la mayor seguridad y tranquilidad posible, evitando consecuencias secundarias comunes a las enfermedades crónicas como pueden ser la depresión o la ansiedad.

Para saber cómo afrontar las enfermedades crónicas es importante comprender que no todas las enfermedades crónicas son igual de graves y aunque muchas de ellas, tienen altos índices de mortalidad, no todas ponen en peligro la vida del paciente. Lo que todas tienen en común es que se trata de trastornos de larga duración y que en general, evolucionan y se desarrollan lentamente en el tiempo, pero sus síntomas varían mucho de unas a otras.

Hay enfermedades crónicas como el asma o la diabetes que, en general, con el control médico adecuado, tratamiento farmacológico y una serie de cambios en hábitos de salud, permiten a los afectados llevar una vida cotidiana dentro de la normalidad. Sin embargo, un gran número de las denominadas enfermedades crónicas son ampliamente incapacitantes y obligan a los pacientes a cambiar radicalmente su ritmo de vida.

No obstante, al margen de las características particulares y las condiciones específicas de cada paciente las enfermedades crónicas deben afrontarse con:

  • Diagnóstico médico seguro y fiable.
  • Tratamiento adecuado adaptado a las necesidades del paciente para paliar o controlar los síntomas principales de cada patología de larga duración. Dentro de los tratamientos, se incluyen tanto los farmacológicos como otro tipo de terapias que pueden ser muy útiles como la fisioterapia.
  • Hábitos de vida saludable. Todas las enfermedades mejoran su diagnóstico si se observan los principales hábitos de vida saludable: dieta sana y variada, abstenerse de fumar e ingerir alcohol y mantener una vida activa, adaptada a las circunstancias personales.
  • Revisiones y controles puntuales y habituales para observar la evolución de la enfermedad.

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